SAN JUAN PABLO II Y LOS DERECHOS HUMANOS

SAN JUAN PABLO II Y LOS DERECHOS HUMANOS




Su santidad Juan Pablo II tras sus 25 años de pontificado realizó una obra inmensa proclamando un mensaje que trascenderá el curso de los siglos y las generaciones sobre la importancia de los Derechos Humanos que cada persona tiene y que se le debe ser respetado.

Desde la silla de San Pedro, y con la consistencia de un león, vivió lo que con coraje ha proclamado siempre. Sin temor recorrió el mundo, proclamando la libertad y la verdad a las víctimas de las falsas ideologías que han devastado a los pueblos del siglo XX, el más sangriento de la historia de la humanidad.
Este gran papa de la Iglesia Católica, ha sido un extraordinario don de la Providencia, guía de la nueva gran era misionera y de renovación de la cristiandad, sus reflexiones son la clave de la nueva primavera de la que él fue heraldo.

Tras la defensa de los Derechos Humanos, la batalla por la paz y la lucha contra la miseria y el racismo, fueron los valores a que el Papa San Juan Pablo II insistió a toda la humanidad.

Los derechos humanos son universales e indivisibles, decía él,  para Juan Pablo II el respeto y la promoción de los derechos humanos se refiere a todas las personas en todas las fases de la vida en la cual dice: "cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro".

 «El derecho a la vida es, para el hombre, el derecho fundamental. Y sin embargo, cierta cultura contemporánea ha querido negarlo, transformándolo en un derecho “incómodo” de defender. ¡No hay ningún otro derecho que afecte más de cerca la existencia misma de la persona!

Tras la jornada mundial por la paz en 1999 expresaba él «Cuando la promoción de la dignidad de la persona es el principio conductor que nos inspira, cuando la búsqueda del bien común es el compromiso predominante, entonces es cuando se ponen fundamentos sólidos y duraderos a la edificación de la paz. Por el contrario, si se ignoran o desprecian los derechos humanos, o la búsqueda de intereses particulares prevalece injustamente sobre el bien común, se siembran inevitablemente los gérmenes de la inestabilidad la rebelión y la violencia».
Recordemos que el Papa Juan Pablo II con ocasión del 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos hizo un repaso de algunos de los derechos hoy más amenazados. Pero antes recordó que ese documento de la ONU "reconoce los derechos que proclama, no los otorga; en efecto, estos son inherentes a la persona humana y a su dignidad".
El primer derecho que consideró el mensaje del Papa es el derecho a la vida. Una cultura de la vida, dice, "garantiza el derecho a venir al mundo a quien aún no ha nacido, protege también a los recién nacidos, particularmente a las niñas, del crimen del infanticidio. Asegura igualmente a los minusválidos el desarrollo de sus posibilidades y la debida atención a los enfermos y ancianos".  El Papa se refirió también al rechazo de la violencia, al hambre y a las inquietudes que suscitan los recientes descubrimientos en ingeniería genética.
El segundo derecho, que "es como el corazón mismo de los derechos humanos", es la libertad religiosa. Exige que "se reconozca a la persona incluso la libertad de cambiar de religión, si así lo pide su conciencia". La libertad religiosa incluye "el derecho a manifestar las propias creencias, tanto individualmente como con otros, en público o en privado".
También San Juan Pablo II habló, con agrado, del «genio» femenino, del «carisma» o de la «vocación» de la mujer y lo hizo no sólo en textos oficiales, decía él: «Creo en el genio de las mujeres. Incluso en los períodos más oscuros se encuentra este genio, que es la levadura del progreso humano y de la historia.»
 El «genio» femenino se halla más bien en una dimensión espiritual, y constituye una determinada actitud básica, que corresponde a la estructura física de la mujer y se ve fomentada por ésta. Así como durante el embarazo, la mujer experimenta una cercanía única hacia el nuevo ser, así también su naturaleza favorece los contactos espontáneos con otras personas de su alrededor.
Dios ha confiado a la mujer, de modo especial, el ser humano, San Juan Pablo II ha sido reconocido, con toda razón, como un «pionero» de los derechos humanos de la mujer.
Hablar de derechos humanos es, por tanto, hacer referencia a la persona y a los deberes de justicia y de verdad que surgen de la verdad trascendente sobre el hombre, es decir, los derechos humanos, amplía las condiciones de vida de un ser humano concreto y la de los seres humanos en general. Se trata, en efecto, de que la vida de cada persona sea más plena y mejor, es quizás ésta la razón de que un amplio sector del pensamiento filosófico contemporáneo considere que los derechos humanos son la ética de la sociedad actual. Esta afirmación, con ciertos matices propios no sólo del enfoque teológico sino ante todo del pensamiento sistémico del Papa actual.



Juan Pablo II fue un gigante defendiendo la integridad humana, por cada persona desde el comienzo de la vida hasta su fin. Juan Pablo II el Grande, se ha colocado en la historia no solo como el promotor de la libertad, sino también, como el promotor de derechos humanos.
 
 


















JOSE ISAIAS YATE OYOLA

         SEMINARISTA

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