LA ETICA EN EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO DE LA EXISTENCIA HUMANA

LA ÉTICA EN EL  DOLOR Y EL SUFRIMIENTO DE
 LA EXISTENCIA HUMANA

La existencia humana encierra algo más, algo que no podemos ver ni tocar. Hablamos de las cosas que realmente trascienden, traspasan fronteras y perduran en el tiempo.

Todo en el mundo es y existe, lo que diferencia al ser humano del resto de las especies es la capacidad de elegir y la conciencia de sí. Siempre está sujeto a decidir entre una u otra cosa. Esa es su libertad y como ente individual inserto en una sociedad debe asumir la responsabilidad de sus actos. La manera en que el hombre se rige moralmente, su patrón de conducta, es lo que llamamos ética.

La ética nace en la Edad Media como una valoración moral de los actos humanos. Se refiere principalmente al comportamiento humano, a su categorización como bueno o malo. Pero la ética no surge para difundir una serie de normas sobre cómo vivir, para eso puede tomarse alguna religión o simplemente las leyes. La ética tampoco surge para crear ciudadanos moralmente correctos, ni mucho menos moralmente incorrectos.

La ética sirve como patrón para el libre albedrío, al momento de plantearnos cualquier situación en la vida, siempre tendremos la capacidad de decidir entre hacerlo o no hacerlo, entre decir SI o NO. Sin duda esta es nuestra principal libertad.

Erich Fromm citando en la  revista Occidente N° 365 por Roberto Muñoz Barra dice que “La vida del hombre no puede “ser vivida” repitiendo los patrones de su especie; es él mismo - cada uno - quien debe vivir”

Sin duda los conocimientos que poseemos hoy en día nos han permitido lograr cosas que hace cien años habrían sido imposibles de imaginar siquiera, Gracias al desarrollo de las ciencias, la humanidad ha conquistado todos los ambientes de la Tierra y una pequeñísima parte del espacio exterior, la ciencia ha permitido curar enfermedades y salvar vidas que hasta hace algunos años eran imposibles de salvar. Con la ayuda de la ciencia existe la posibilidad, en la práctica, de romper las barreras del sonido y en teoría las del tiempo y en algunas ocasiones y con justa razón, la ciencia es considerada como salvadora de la Humanidad.

Buscando «EL SIGNIFICADO DE LA EXISTENCIA HUMANA» Wilson Edward examina lo que hace que los seres humanos sean absolutamente distintos al resto de las especies, buscando el significado de lo que Nietzsche en su día denominó «los colores del arco iris» en los límites exteriores del conocimiento y la imaginación, lleva a sus lectores a un viaje, entre la ciencia y la filosofía para crear un tratado del siglo XXI sobre la existencia humana, desde nuestros primeros inicios a una mirada provocativa a lo que presagia el futuro de la humanidad.

 El sentido de la vida constituye una cuestión filosófica y sobre el objetivo y el significado de la vida, o de la existencia más en general; el sentido de la vida está profundamente mezclado con las concepciones filosóficas y religiosas de la existencia, la conciencia y la felicidad, y afecta a muchas otras cuestiones tales como el significado simbólico, la ontología, el valor, el propósito, la ética, el bien y el mal, el libre albedrío, las concepciones de Dios, la existencia de Dios, el alma y el más allá. También desde el Humanismo y la literatura son amplias las aportaciones y reflexiones sobre el sentido de la vida.

 SUFRIMIENTO Y EL DOLOR

La preocupación por el dolor es de gran importancia, por cuanto hoy han disminuido los niveles de tolerancia álgida. Existe mucho miedo al dolor y al sufrimiento. Esto procede de dos raíces principales: por un lado el hedonismo y por otro, los beneficios aportados por la técnica; gracias a los progresos de la anestesia y de la analgesia, el hombre está menos familiarizado con el dolor que sus antecesores, por eso le teme mucho más.

El dolor es hoy un dis-valor” no tenemos motivos para soportarlo, sino medios técnicos para combatirlo. Hemos caído en una trampa peligrosa: pensar que somos capaces de erradicarlo, lo cual es imposible, no soportamos el sufrimiento.

El miedo o pánico al dolor llega a ser patológico. Se dice que padecemos de “analgofilia” (aficción desmedida al analgésico),  “las virtudes han sido sustituidas por las grageas”. La eficacia de los analgésicos nos ha ido ablandando. El sufrimiento se considera un intruso, que quizá desmiente la bondad del Creador y hunde en la desesperación. Se lo ve como una maldición.

El dolo biológico y físico, se manifiesta como reacción a un estímulo sensitivo perjudicial. “El dolor es un daño sentido”, el dolor es un acto de la subjetividad, un sentimiento. Santo Tomás señala diecisiete instancias afectivas, dice: “los hombres son víctimas de muchas deficiencias” porque su fuerza y energía vital son limitadas, todo movimiento vital consume una parte de ellas.

San Agustín lo define como un sentimiento que resiste a la división. En primer nivel el dolor corporal intenso, patentiza en nuestra conciencia la unidad substancial de la persona; que se revela contra su disgregación. Por su parte, Bergson considera al dolor como sensación local impotente.

Freud distingue tres fuentes principales del dolor:

 1. La enfermedad que nos hace descubrir nuestra finitud.

 2. Las agresiones del mundo exterior que nos hacen descubrir nuestra pequeñez e indefensión.

 3. Las relaciones con el prójimo que nos descubre la injusticia.

Por su parte, Scheler señala cuatro estratos en la persona:

 1. Somático
 2. Vital
 3. Psíquico,
 4. Espiritual.

 De acuerdo con estas dimensiones existen cuatro sentimientos fundamentales: sensoriales, corporales y vitales, del Yo y de la persona.

Tenemos miedo al sufrimiento y ese mismo miedo es sufrimiento, es importante distinguir dolor de sufrimiento, sufrir es un fenómeno complejo, el dolor físico, el malestar, la sensación de desagrado, no son desde el principio idéntico al sufrimiento. El sufrimiento no se identifica, sin más, con el dolor físico El sufrimiento, no es un dolor físico o moral, sino un dolor que condena a la pasividad, donde no se puede hacer nada, en el fondo es una situación de impotencia que pide serenidad de aceptación de lo que no se puede cambiar.

Mirando el sentido humano del sufrimiento lo primero que se necesita para saber qué hacer con el dolor es aceptarlo, como algo que está ahí, y que tenemos que encarar: es el momento dramático de nuestra existencia, como lo señala Lewis: “la primera y más humilde operación del dolor destroza la ilusión de que todo marcha bien”

Según Polaino el dolor se hace misterio, es el plus del dolor. Ya no alcanzan las explicaciones racionales y a pesar del desarrollo tecnológico y avances de la medicina, el hombre continúa siendo “homo patines”, el “homo doloris” de siempre, en su constante peregrinar en busca de explicaciones que casi nunca alcanza. Por eso, es preciso pasar de lo natural a lo sobrenatural; se necesita la luz de la fe para ese misterio.

El sufrimiento abre la vida a un sentido más pleno y la hace más digna. Cristo curó a los enfermos y alivió al hombre en su dolor. Con eso demostró que es bueno combatir el dolor. Pero son su vida y su sufrimiento enseñó a divinizar el dolor. Tanto se acercó al sufrimiento que Él mismo se hizo sufrimiento, y este  mismo se transforma en fortaleza salvífica y su miseria en potencia redentora.

Cuando se sufre con humildad, se puede ir adquiriendo esa sabiduría que advierte lo eterno, porque el sufrimiento es anuncio de lo que está por llegar, aviso de que hay algo que permanece para siempre y, que lo que importa es el amor que se posee, así como lo señala San Juan Pablo II que el dolor no es un castigo inmerecido, sino un inmerecido tesoro, la unión con el sufrimiento de Cristo constituye el culmen de vuestra actitud de fe.


José Isaías Yate Oyola
III de Filosofía



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