ÉTICA CRISTIANA
ÉTICA CRISTIANA
Hay
dos hechos que son innegables, en primer lugar, hace poco más de cincuenta
años, los grandes problemas teológicos, que se vivían y se discutían
apasionadamente en el cristianismo, eran sobre todo problemas dogmáticos: la
cristología, la eclesiología, la escatología, la antropología teológica, pero
hoy en contraste, los temas teológicos que ahora se discuten y apasionan más son
sobre todo problemas morales, los temas relacionados con la ética.
En
segundo lugar, hace unos cincuenta años, en el cristianismo tanto católico como
protestante había una generación de grandes teólogos cuyos nombres perduran, y
quedarán por mucho tiempo, como los hombres geniales que han hecho posible la
renovación de la teología cristiana.
Vivimos
en una sociedad que vive en proceso de cambio, un cambio constante, rápido,
acelerado y profundo. Nuestra sociedad está cambiando a una velocidad que cada
día nos sorprende y con frecuencia nos desconcierta. Lo más desconcertante es
que somos nosotros mismos los que estamos cambiando.
Por
otra parte, es importante saber que, si es cierto que estos cambios se están
produciendo en todo el mundo, en los países ricos y avanzados los cambios se
producen con mucha más rapidez y, sobre todo, de manera que alcanzan niveles de
profundidad que seguramente no imaginamos, los jóvenes cambian más rápidamente
que los mayores. Y los niños nos sorprenden todos los días con cosas que antiguamente
no se hacían o no se preguntaban y es que lo que está cambiando son las
creencias, los valores y las identidades, la gente ya no cree en lo que creía
antes.
La
ética de Jesús fue una ética de cambio. Jesús, en efecto, cambió muchas cosas.
Pero, sin duda alguna, de todo lo que Jesús modificó, lo que más llama la
atención es el cambio que introdujo en los valores que deben regir la vida de
las personas y en la conducta que tienen que adoptar quienes pretendan asumir
la forma de vida que traza el Evangelio, los cambios, que introdujo Jesús en su
forma de entender la ética, fueron tan profundos que sorprendieron,
desconcertaron y hasta escandalizaron a mucha gente.
Leyendo
los evangelios con atención, uno advierte enseguida que Jesús se dio cuenta de
que la religión, que entonces había en su pueblo y en su tiempo, una religión y
una ética que no sirven para eso, ¿para qué sirven? De ahí, la relación entre
el Evangelio y el cambio. Justamente lo que ahora necesitamos. Cambio y
desconcierto.
Una
ética que se fundamenta en Dios En su excelente estudio sobre Hebermas como
filósofo de la religión, Juan A. Estrada analiza con precisión los límites que
el propio Habermas encuentra en la filosofía cuando se trata de fundamentar una
ética bien argumentada. De ahí nuestra insatisfacción por los límites de la
razón, que deja siempre un espacio abierto a la trascendencia indemostrable.
Si
queremos comprender a fondo la ética de Jesús, lo primero que se tiene que
hacer es repensar la idea que tenemos de Dios. Y analizar a fondo si ese Dios
nuestro coincide o no coincide con el Dios que anunció Jesús.
He aquí el primer problema que se plantea
cuando se trata de analizar la ética de Cristo, porque sólo así es posible
entender la ética que él nos dejó como proyecto de vida, Jesús es la revelación
de Dios. O sea, lo que nosotros no podíamos conocer ni alcanzar nos fue
revelado en un ser humano, en el hombre Jesús de Nazaret.
Jesús
nos viene hablar también sobre la condena
del dinero y apego al dinero.
El
dinero, dice el conocido economista Roland Nitsche, son las "monedas y
billetes de banco que permiten comprar mercancías y servicios" \ pero
el mismo autor añade inmediatamente: "definición exacta, cierto, pero que
queda bien lejos de explicarlo todo" \ por una razón muy sencilla: no es
lo mismo hablar de dinero que hablar de capital.
El
dinero es el mero instrumento de cambio, mientras que el capitales el
"valor de lo que, de manera periódica o accidental, rinde u ocasiona
rentas, intereses o frutos", según se dice en el diccionario de la real
academia española, por tanto, el capital es dinero. Pero dinero puesto a
producir más beneficio económico mediante el rendimiento que proporcionan las
rentas, los intereses o quizá otros frutos que se derivan de su utilización.
parece que quien primero habló de esta distinción entre "dinero" y
"capital" fue antonino de Florencia (1389-1459), que estableció una
oposición neta entre el "préstamo de dinero" {ratio mutui) y
la "inversión de capital" {ratio capitalis) \ en forma de
préstamo, el dinero permanece estéril, sin embargo como capital resulta
productivo.
Es decir, el dinero (si se
invierte para producir más ganancias) no tiene el mero carácter de objeto, sino
que, por encima de eso, "posee una propiedad creadora que es precisamente
lo que llamamos capital", afirma Nitsche.
José Isaías Yate Oyola
III de Filosofía
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